LA (DES)CORTESÍA VERBAL

Publicado: mayo 18, 2012 en Uncategorized

1. Justificación:

Con este trabajo queremos demostraros como los estudios sobre la cortesía y la descortesía han conformado en los últimos años una línea de investigación bastante sólida, hace diez años apenas eran conocidos los trabajos que se ocupaban de este objeto de estudio y apenas eran enseñados en las universidades españolas. A partir este trabajo pretendemos hacer un recorrido no muy amplio pero muy sólido de los estudios y propuestas más significativas en los estudios sobre la cortesía y la descortesía. Hemos hecho mención al desinterés y desconocimiento que las universidades españolas tuvieron acerca de este tema demostrando que la mayoría de las propuestas realizadas han sido procedentes del ámbito anglosajón. Para ejemplificar dichas teorías vamos a utilizar algunos fragmento extraídos del último debate político entre Mariano Rajoy y Alfredo Pérez  Rubalcaba. Además al final de dicho trabajo vamos a incorporar unas aportaciones propias relacionadas con la cortesía en las relaciones sociales y laborales. En definitiva pretendemos abordar de manera sistemática y concisa la quinta práctica de este curso.

2. Algunos autores que han tratado esta teoría:

En todas las sociedades se dan comportamientos de urbanidad cuya finalidad consiste en el mantener un mínimo de armonía entre los hablantes, y ello favorece a que estemos ante un hecho de carácter universal que atañe a todos los individuos. Al mismo tiempo debemos decir que, desde otras perspectivas, la cortesía no es universal, las diferencias entre las distintas sociedades en sus formas y funciones son un ejemplo de ello, es decir, que con la cortesía nos referimos a quien debe ser cortes frente a quien no lo es. Según las circunstancias o la situación comunicativa. María Victoria Escandel establece la siguiente definición sobre la cortesía:

La cortesía puede entenderse, por tanto, de dos maneras diferentes. Puede concebirse, en primer lugar, como un “conjunto de normas sociales”, establecidas por cada sociedad, que regulen el comportamiento adecuado de sus miembros, prohibiendo algunas formas de conducta y favoreciendo otras: lo que se ajusta a las normas se considera cortes, y lo que no se ajusta es sancionado como descortés. Esta cortesía se ha interpretado como un mecanismo de salvaguardia que establecen todas las sociedades para que la agresividad de sus miembros no se vuelva contra ellos (1996, p. 136).

Además de esta definición existen otras diferentes, este es el caso de la expresada en ciberpragmática  (el uso del lenguaje en internet) por Francisco Yus, quien aportaría la siguiente matización: “Pero, ¿Qué es la cortesía? Podemos deducir que la cortesía es una manifestación del hablante comparable al buen comportamiento social, sin llegar a ser un termino de limites claros”. (2001, p. 187)

La cortesía lingüística tiene diversas líneas de investigación y Calsamiglia y Tusón en 1999 recopilaron un total de seis:

–          Se centra en el comportamiento verbal y la elección de determinados indicadores lingüísticos de cortesía.

–          Se basa en el reconocimiento de que la función interpersonal del lenguaje está presente en la base del comportamiento comunicativo.

–          Sirve para facilitar las relaciones sociales y para canalizar y compensar la agresividad; es decir, todas aquellas acciones que pueden constituir una ofensa virtual para los participantes.

–          Se concibe no como un conjunto de normas, sino como un conjunto de estrategias que determinan la elección de unas formas lingüísticas para elaborar los enunciados de los que protagonizan una interacción.

–          Marca y refleja las relaciones existentes en la vida social, en los ejes del poder/solidaridad, de distancia/proximidad, de afecto, de conocimiento mutuo, etc.

–          Es terreno de negociación en cualquier contexto.

Si acudimos a los países anglohablantes encontramos que esta misma labor lleva realizándose durante carias décadas y sin embargo en el mundo hispánico se trata de un campo relativamente reciente. En cuanto a la dualidad de la cortesía mencionada anteriormente Briz afirma:

Junto a la cortesía codificada, prospectiva, sujeta a convicción, por ello, a patrones de conducta y comportamiento social apropiados, cabe distinguir una cortesía interpretada, retrospectiva, estrictamente estrategia lingüística interaccional, evaluable contexto a contexto, a cada momento, según que filtros estén activados o desactivados según la jerarquía de los mismo y, en fin, de acuerdo con las expectativas de unos y otros, de los inicios, y sobretodo, de las reacciones que forman la conversación. A lo social se une en la cortesía interpretada una opción individual, si bien sometida, como aquella, a la situación de comunicación. Dicho esto se entenderá que, aunque una forma lingüística puede aparecer asociada a una estrategia cortes/descortés, el efecto de la interacción puede variar, ya sea, por ejemplo, manteniendo o incluso potenciando su valor cortes/descortés, ya sea desactivando tal estrategia de modo que deja de ser interpretada como mecanismo cortes/descortés, y deja de expresar cortesía o descortesía.(Antonio Briz, La atenuación en la conversación coloquial, 1995, p.91)

3. Los primeros estudios sobre (des)cortesía:

La trascendencia que ha tenido el concepto de “imagen” de Goffman es incuestionable. Opta por un enfoque dramático o teatral en el cual el autor equipara la vida de cualquier persona en los espacios públicos con la acciones de un actor en un escenario teatral. Haciendo mención del libro al que nos referimos es importante citar The presentation of the Self in Everyday life (1959) o en Interaction ritual. Essays on Face –to-Face behaviour. (1967). Este postulado que parte de la sociología, aunque tenga interesantes puntos comunes con la pragmática, analiza micro-situaciones propias de la vida cotidiana, y apoya la idea de que los individuos definen y construyen su imagen social en las interacciones que establecen con el resto de las personas. Gracias a la cortesía los actores sociales acuerdan también tácticamente un guión y deben ser coherentes con el mismo. Finalmente, en cuanto al concepto de imagen es importante decir que es entendido como el valor positivo que una persona reclama para sí y que debe responder a las expectativas del guión que han pactado los participantes. Al mismo tiempo discrimina entre una imagen positiva y otra negativa, esta última hace alusión al deseo de delimitar nuestro territorio y la pretensión de mantener una distancia con el resto de las personas. En oposición a esta como seres humanos también sentimos la necesidad de ser aceptados como miembros de un grupo, de sentirnos apreciados, y de que el resto de personas compartan nuestros anhelos, así es como se entiende la imagen positiva. Una vez determinadas las imágenes Goffman postula la teoría de que los individuos cooperan con el fin de salvaguardar respectivamente sus imágenes.

4. La teoría de Lakoff:

Los orígenes de esta teoría están en Searle (1969) centrándose en las reglas reguladoras del comportamiento interpersonal. Lokoff decide otorgarles un valor de máximas para lo cual hace eco y se asemeja al principio de cooperación en Grice. Ella entiende la cortesía  como un mecanismo cuyo fin es minimizar las tensiones que tienen lugar durante la interacción, por lo que su cometido es mantener el equilibrio social, el cual se rige por una serie de reglas que no siempre están ritualizadas. Por lo tanto el fin último de la cortesía según Lakoff es presentarla como un comportamiento cuyo fin es evitar ofender oyente, si bien por otra parte, puede ser entendida como una actitud orientada a establecer o afianzar lazos de amistad.

Existen tres máximas generales para que un enunciado sea tomado como cortes:

–          No impongas tu voluntad al interlocutor.

–          Indica opciones.

–          Haz que tu interlocutor se sienta bien.

5. El principio de cortesía de Brown y Levinson:

El grupo constituido por estos investigadores, una antropóloga y un lingüista, apoya su teoría en las conclusiones de Goffman, creando un extenso capítulos titulado Universals Language Use: Politeness phenomenal. Para ellos la finalidad de la cortesía reside en atenuar los actos amenazadores de la imagen que pueden surgir en los intercambios comunicativos cotidianos. Dicho capitulo fue relabrado y reditado con el libro Politeness: Some Universals in Language Use. En el que incorporan una introducción amplia con las aportaciones efectuadas en la ultima década. Entienden la comunicación como una actividad racional donde los objetivos de los interlocutores se limitan a alcanzar y usar un razonamiento con el que puedan hallar medios para conseguir sus metas, es lo que se viene denominando cortesía estratégica.

Susana Ridao Rodrigo presenta varios ejemplos de descortesía donde al calcular el riesgo se da cuenta de que existen actos comunicativos que amenazan gravemente la imagen del receptor.

6. El modelo de descortesía de Culpeper.

La introducción de este apartado tiene el fin de analizar teorías como las de Culpeper (1996), Bousfield, y Wichmann (2003). A pesar de ello las aportaciones de Culpeper fueron las primeras, y él mismo fue el primero en postular y proponer un modelo complementario a la teoría de Brown y Levinson para dar explicación a los fenómenos descorteses. Para ello establece una estrategias paralelas a las expuestas por Brown y Levinson, pero opuestas.

–          Descortesía descarnada: los actos amenazantes que el emisor formula contra el receptor son emitidos de forma clara y evidente, osea sin ambigüedades.

–          Descortesía positiva: se centra en la utilización de estrategias con el fin de dañar la imagen positiva (Goffman) del interlocutor.

–          Descortesía negativa: se trata de estrategias dirigidas a ofender la imagen negativa del alocutario. En numerosas ocasiones estos participantes dicen lo que no tienen que hacer sus interlocutores.

En este video se ve ejemplificada la teoría de Culpeper a la perfección, puesto que veremos ejemplos de descortesía negativa y positiva. Mariano Rajoy pretende fomentar su imagen positiva, eludiendo al término y a la teoría expuesta por Goffman, atacando la imagen de su receptor, Alfredo Pérez Rubalcaba.  Utiliza, desde el inicio de su participación, estrategias con el fin de dañar la imagen positiva de su interlocutor. Su pretensión es salir elegido en las próximas elecciones generales y para ello tiene que colocar su imagen por encima de la de su oponente.

Son ustedes unos auténticos maestros en hacer una cosa y hacer exactamente la contraria, y encima reprocharnos a los demás intenciones que no tenemos. Yo le pido a usted que en este debate no vuelva a hacer ningún juicio de intenciones, es decir, le pido que diga la verdad, que de su opinión, que me critique por lo que estime que tiene que criticarme, pero no me atribuya lo que resulta luego que usted no va a hacer , si no lo que ya hizo. (Mariano Rajoy)

                Gracias a esta intervención podemos demostraros como la cortesía y la descortesía son los elementos más ejercitados y preparados en este tipo de discursos. El tratamiento de usted no debe de sorprendernos, pero ello ejemplifica la distancia social, y la distancia discursiva que uno y otro se muestran entre sí. No se trata de una conversación coloquial entre amigos, ambos se juegan mucho y cuidar cada detalle se convierte en una actividad esencial.  Además con este discurso Rajoy consigue conectar con el público cuando afirma “encima reprocharnos a los demás intenciones que no tenemos”. Con esta afirmación Rajoy no solo consigue fomentar la descortesía positiva, sino que además establece un vinculo de conexión con todos los españoles que son criticados por pensar igual que él. Podía haber dicho reprocharme a mí, o a mi campaña electoral, pero lo que realmente dice es “a los demás”. Ello implica además que pretende demostrar la incompetencia de un partido político que no sabe asumir sus propios errores. El hecho de que le pida que no vuelva a hacer ningún otro juicio de intenciones, en vez de mandárselo también nos demuestra la realización de un hecho cortés, puesto que no pretende invadir totalmente el mundo psicológico de su interlocutor, solo se lo pide. Le pide además que diga la verdad. En ningún momento le dice que miente directamente, pero sí que nos hace ver a los demás que Rubalcaba no es sincero. En definitiva el objetivo esencial que busca Mariano Rajoy con su intervención es dañar, y manchar la imagen positiva de Alfredo Pérez Rubalcaba y para ello emplea el uso de la descortesía positiva. La primera parte subrayada se asemejaría con más exactitud al desarroyo de la descortesía positiva, y los demás con la descortesía negativa.

–          Descortesía sarcástica o figurada: estamos ante actos amenazantes para la imagen del interlocutor sin intención de ofenderle, es decir, son enunciados irónicos.

–          Sin cortesía: alude a los casos donde no se observa esta estrategia, cuando el contexto requiere su existencia.

Eludiendo de nuevo a otra situación que experimente en mi trabajo he de contaros la siguiente anécdota. En esta ocasión yo no fui uno de los protagonista, sino que únicamente fui un espectador. La sección de la que me ocupo posee elementos de jardinería, tanto herramientas, como objetos de decoración. Para que los clientes se puedan hacer una idea de lo que van a comprar, algunas cosas son expuesta a exposición, como ocurre con los toboganes o las pequeñas casetas de jardín. Normalmente cuando por inercia propia lo niños se introducen en ellos, educadamente les pedimos que abandonen los juegos y que vuelvan con sus padres, puesto que aquello no está colocado para que jueguen. Pues un día una de mis compañeras hizo aquello que ya les he contado, y uno de los familiares de los niños le respondió drásticamente.

–          Cliente: Porque has expulsado a los niños, esto esta aquí para que jueguen.

–          Empleada: Perdone pero esto esta colocado para que el cliente se haga una idea de lo que va a comprar, y además si dejásemos entrar y jugar a los niños, los productos se irían rompiendo y nadie los querría, ¿o usted querría algo que ya ha sido utilizado al precio original?

–         Cliente: Esto lo ponen para que los niños jueguen y si no, no los pongan. Ha si les va como les va. ¡Gilipollas!

Como podemos observar la cortesía de aquel individuo brilló por su ausencia, para un contexto en el que era esencial.

7. La teoría de la grosería y las emociones:

Otra teoría relevante dentro del campo de la cortesía se encuentra expuesta en los célebres estudios “Varietes of Rudeness. Types and Functions of Impolite Utterances” (1997), y “Cortesía, emociones y argumentación”, ambos realizados por Kienpointner .  Dichos estudios se apoyan al mismo tiempo en las teorías de Culpeper realizadas en 1996, a través de las cuales ofrece una sistematización propia para dar cuenta de la grosería. A partir de esta teoría queremos demostraros la existencia de elementos descorteses que fomentan el acercamiento social y la interrelación personal, pero también aquellos que ofrecen todo lo contrario. La clasificación que nos ofrece, entonces, es la siguiente:

  1. Grosería cooperativa:

1.1.  Descortesía con fines humorísticos, o bromas: su función es crear un ambiente relajado; se produce sobre todo cuando la distancia social entre los hablantes es mínima.

1.2.  Grosería irónica o cortesía de broma: se recurre a elementos sarcásticos.

1.3. Grosería reactiva: se produce cuando un participante con relaciones de poder simétricas se defiende de un ataque previo que le ha emitido otro interlocutor, siempre que este primer ataque sea moderado.

Un ejemplo real de la grosería irónica (1.2) que me ocurrió en un día de trabajo es el siguiente. En un momento inoportuno se me indicó que acudiese a inspeccionar un artículo que había sido vendido y que se nos quería devolver. He de decir que con esa llamada se me informó de ante mano sobre el estado de dicho producto, una olla a presión, la cual contenía agua, y no presentaba un buen estado. De este modo, acudí lo más presto posible para que el cliente no se enojara más de lo que estaba y converse con el algo similar a lo que os expongo.

–          Yo: Hola, buenas tardes, me deja el ticket de compra si es tan amable por favor.

–          Cliente: ¡Aquí tienes!, pero esto me vas a devolver porque yo ya no lo quiero.

–          Yo: ¿Qué le ocurre?, ¿Por qué no le satisface?

–          Cliente: No, si está bien pero yo ya no lo quiero.

–          Yo: Usted tiene que entender que estos productos, una vez usados no tienen devolución. En el caso de que hubiese estado defectuoso se lo habría cambiado por otro similar, pero como me indica no tienen ningún problema.

–          Cliente: ¿Qué no me lo vas a devolver?, ¡Vengo hasta aquí y no me lo vas a devolver!, ¿Con quién tengo que hablar para que me lo devuelvan?, porque esta mierda yo no me la pienso quedar.

–          Yo: Ya lo siento pero yo en este estado no se lo puedo recoger, si quiere hablar con el jefe de la sección pásese por la mañana, y el decidirá qué es lo que le hacemos.

–          Cliente: Ósea que no me lo devuelves ¿no?, pues venga hasta luego.

–          Yo: En este estado no. Muchas gracias.

–          Cliente: Muchas gracias por nada.

Yo en ningún momento utilice alguna grosería irónica, pero si puedo decir que en ese “Muchas gracias” utilice una cierta especie de cortesía de broma recurriendo a elementos sarcásticos.

Al mismo tiempo mi respuesta dio lugar a una elemento descortés. El ataque moderado que yo le había mostrado por su constante actitud desapropiada  provocó que el me atacase de ese modo. La relación era prácticamente simétrica,e incluso he de decir que quién tenía más poder en la conversación era el, “El cliente siempre tiene la razón”, aunque en esta ocasión no la tuviera.

  1. Grosería no cooperativa: puede ser motivada si el emisor es consciente de que está siendo grosero- o inmotivada- en caso de que el hablante no se de cuenta de que su actitud es percibida como descortés.

2.1: Grosería estratégica: entendemos por tal el hecho de alcanzar ciertos objetivos en contextos institucionales de la forma más eficiente posible.

Un ejemplo que nos pone Susana Ridao Rodrigo de ello se encuentra en una mediación laboral en la que se aprecia la siguiente conversación:

–          Miembro de la comisión: Si me permitís por favor, si me permitís, vamos a ver, yo creo, que hay un acuerdo entre las partes.

–          Representantes de los trabajadores: Ya le puedes estar dando vuelta a las cosas, que las personas tienen que cobrar lo que están trabajando   

En esta ocasión el representante se muestra grosero utilizando una estrategia descortés para conseguir lo que pretende: que se cobre lo que se debe de cobrar.

2.2.  Grosería competitiva en conversaciones privadas: está asociada a sentimientos y emociones.

2.3 Grosería intergrupal: se produce cuando la mayoría o los grupos sociales con mayor poder emplean estrategias de descortesía para degradas a miembros que pertenecen a otros grupos.

A través de un durísimo e intolerable discurso racista elaborado durante el nazismo alemán en contra de los homosexuales podemos identificar como un grupo social se cree con mayor poder que otro, y para ello utiliza groserías intergrupales.

“Si admito que hay de uno a dos millones de homosexuales eso significa que un 7 u 8% de los hombres son homosexuales. Y si la situación no cambia, significa que nuestro pueblo será infectado por esta enfermedad contagiosa.

A largo plazo, ningún pueblo podría resistir a tal perturbación de su vida y su equilibrio sexual… Un pueblo de raza noble que tiene muy pocos niños posee un billete para el más allá: no tendrá ninguna importancia dentro de cincuenta o cien años, y dentro de doscientos o quinientos años estará muerto.

La homosexualidad hace encallar todo rendimiento, destruye todo sistema basado en el rendimiento. Y a esto se añade el hecho de que un homosexual es un hombre radicalmente enfermo en el plano psíquico. Es débil y se muestra flojo en todos los casos decisivos…

Nosotros debemos comprender que si este vicio continua expandiéndose en Alemania sin que lo combatamos, será el final de Alemania, el fin del mundo germánico.”

“Hay que abatir esta peste mediante la muerte”

8. Ejemplificación:

A la hora de tratar la teoría de la (des)cortesía desde la práctica, y siguiendo la dinámica propuesta para la actividad, hemos decidido ejemplificarla, en primer lugar, mediante algunas intervenciones de políticos dirigidos al público, sobre todo en el caso del teledebate entre Rubalcaba y Rajoy, y dirigidos a la prensa y a los medios de información, como la reunión en la que el rey de España pierde las formas frente al presidente Venezolano Hugo Chávez. Además, creemos que es importante hablar de la cortesía en el ámbito empresarial y de la (des)cortesía, agresividad y violencia verbal en la sociedad actual.

Ejemplificación mediante intervenciones políticas:

Justo antes de entrar de lleno en la ejemplificación con intervenciones de políticos, creemos que es importante reflexionar sobre la agresividad en el lenguaje político en este tipo de intervenciones y debates, en los que los interlocutores buscan preferentemente el desacuerdo en vez del acuerdo, el ataque frontal y la ausencia de conciliación. En este tipo de lenguaje, el político, las manifestaciones de cortesía no tienen como finalidad la atenuación ni el acercamiento entre los interlocutores, sino todo lo contrario. Por ejemplo, el estudioso Blas Arroyo define estas manifestaciones como “recursos retóricos políticamente correctos cuyo efecto amenazante para la imagen del interlocutor, lejos de atenuarse, aparece a menudo intensificado, cuando no representa simplemente una válvula de seguridad para compensar los excesos del comportamiento descortés”.

Como primero ejemplo, creemos que es bastante interesante el contraste entre dos sentencias en las que se puede observar que a pesar de tener la misma intención, hay una gran diferencia entre ellas.

La primera, tomada de los estudios de Blas Arroyo, es una de las frases de uno de los debates que mantuvieron José María Aznar y Felipe González en 1993 en el que, tras varias interrupciones por parte de Felipe González mientras Aznar exponía sus argumentos e ideas, este último acaba diciendo a su interlocutor:

“Perdón, ¿me quiere usted dejar hablar? Si es tan amable, le pido que sea tan amable de dejarme hablar”

Analizando esta frase, encontramos que en una petición de respetar el turno de habla aparecen numerosos elementos que fomentan la atenuación y la cortesía, como “perdón” y “si es tan amable”, además de “¿me quiere usted dejar hablar?”, con lo que atenúa aún más su petición, ya que con ella deja claro que no intenta imponer su voluntad ni obliga a su interlocutor a respetar su turno, sino que finge abrirle la posibilidad de respetarlo o no. Por ello, aunque se exponga formalmente atenuada, podemos afirmar que el hecho de que Aznar se muestre excesivamente cortés ante un acto que atenta contra la conversación, como es interrumpir continuamente, destaca la descortesía y , siguiendo la teoría de Goffman, la imagen negativa de su interlocutor.

Por tanto, gracias a este ejemplo, podemos deducir que la (des)cortesía en el terreno político posee un carácter agresivo y diferente, invertido, con pretensiones ocultas, algo que es demostrable mediante el análisis de las máximas generales necesarias para ser cortés, ya que mientras que las dos primeras, “no impongas tu voluntad al interlocutor” e “indica opciones”, se mantienen a propósito, la tercera, “haz que tu interlocutor se sienta bien”, es violada repetidamente, pues lo que se intenta en todo momento es desconcertar al interlocutor, ponerle nervioso y causar incomodidad a la vez que se aumenta la imagen positiva y la cortesía sobre uno mismo.

En cuanto a la segunda sentencia, que fue reproducida por todos los medios de comunicación tanto nacionales como internacionales, es una respuesta del actual rey de España, Juan Carlos I, ante la actitud irrespetuosa del presidente venezolano Hugo Chávez en una importante reunión de carácter internacional. Pero, antes de analizarla, creemos que es importante hablar sobre el vídeo en el que aparece de una forma general, debido a que hay otras frases y actitudes destacadas e interesantes a la hora de hablar de la cortesía.

En el siguiente vídeo, que contiene un fragmento de dicha reunión,  podemos observar que Hugo Chávez, presidente de Venezuela, está incriminando al expresidente Aznar mientras que el actual presidente de España en aquella época, José Luis Rodríguez Zapatero, defiende la figura del antiguo presidente y pide respeto. Vemos que se produce una gran tensión en el ambiente, mientras que el presidente español intenta ser cortés, pidiendo respeto, el presidente venezolano es descortés en sus intervenciones. Entonces, en primer lugar, el actual rey de España, Juan Carlos I de Borbón, pierde la compostura cuando Hugo Chávez habla de respeto, señalándole de forma incriminatoria y acompañando dicho gesto con un “tú”, algo bastante significativo dentro del estudio de la cortesía. Pero el presidente venezolano mantiene su actitud y justo en ese momento, el rey, perdiendo aún más la compostura, se dirige hacia este primero con un “¿por qué no te callas?, algo que choca tanto con el contexto social como con el político en el que se encuentran.

En el fragmento, desde el punto de vista de la cortesía, vemos que hay diferentes actitudes en el vídeo. Por un lado, tenemos a José Luis Rodríguez Zapatero, el único de los tres que no pierde las formas, que intenta ser cortés en todo momento y no solo no faltar al respeto, sino también exigiéndolo. Por otro lado, nos encontramos con las figuras de Hugo Chávez y el rey de España, que son descorteses tanto con sus interlocutores como con los participantes de la reunión, faltando al respeto continuamente, sobre todo con el uso del “tu”, en vez de usar la forma ritual y propia de estos ámbitos, “usted”.

En este momento y reflexionando sobre la teoría de Goffman, podemos afirmar la existencia de una imagen positiva y una negativa. Mientras que el presidente español mantiene las formas, siendo cortés en todo momento y fomentando la imagen positiva, Hugo Chávez y el rey fomentan la descortesía y la imagen negativa, sobre todo en el caso del rey, debido al gesto deíctico incriminatorio que realiza, la pérdida y violación de formas de respeto ritualizadas en este tipo de eventos, como el uso del usted, y el polémico “¿por qué no te callas?”, con el que viola dos de las tres máximas generales necesarias para ser cortés, ya que a pesar de que parece que da opciones a interlocutor de callarse o no, impone su voluntad sobre la de su interlocutor, dirigiéndose de forma agresiva y directa hacia Chávez, y tampoco hace que su interlocutor se sienta bien, aunque como hemos afirmado más arriba, en el ámbito de la política, al interlocutor le interesa violar esta máxima.

Como puede implicarse, la frase que más nos interesa en este vídeo es “¿por qué no te callas?”, ya que a pesar de que posee la misma finalidad que la frase: “Perdón, ¿me quiere usted dejar hablar? Si es tan amable, le pido que sea tan amable de dejarme hablar”, de Aznar, es radicalmente diferente.

Mientras que Aznar usa una cortesía estratégica para aumentar la descortesía de su rival y conseguir lo que desea, que no le interrumpa, de una forma muy eficaz, vemos que la frase del rey es totalmente descortés, sólo consigue que aumente su imagen negativa y genere tanto una actitud como una respuesta polémica.

Tras tratar estos ejemplos anteriores, en los que podemos ver claramente que el uso de la (des)cortesía en intervenciones políticas no sirve para atenuar o hacer sentir mejor al interlocutor, sino que consiste en todo lo contrario, pues se busca maximizar el coste del interlocutor a la hora de responder o contestar a los argumentos sobre los que se basa el debate además de hacer que recaiga sobre este la imagen negativa, a la vez que se minimiza el propio coste y se intenta conseguir una imagen positiva. Por ello, los políticos además de ser corteses, para ganarse esa imagen de cara al público y mantener las formas, deben ser descorteses con el rival, desconcertarle e incitar a los receptores de dichas intervenciones a pensar negativamente sobre él.

Para ejemplificar esto, creemos que es interesante citar una de las frases que Alfredo Pérez Rubalcaba dice a Rajoy en uno de los teledebates que se organizaron en 2011 con motivo de las elecciones generales anticipadas.

Nada más empezar el debate, tanto Rajoy como Rubalcaba se dirigen hacia el moderador, agradeciéndole que les conceda el turno de palabra, algo que no es más que un acto ritualizado, al igual que el uso del “señor” al referirse a su adversario político. Sin embargo, tras este saludo y una pequeña introducción, Rubalcaba dice a su oponente lo siguiente:

“Una cosa más señor Rajoy que le quería decir. He leído su programa, con interés, y hay una frase que querría que esta noche me explicara aquí, en este debate.”

En esta frase, podemos observar el uso simultáneo de la cortesía y la descortesía que a primera vista sería muy difícil observar. En el fondo, lo quiere conseguir Rubalcaba es que Rajoy le conteste a la pregunta directamente, de forma obligada, algo que se asegura gracias al uso de “esta noche me explicara aquí, en este debate”, ya que fuerza al rival a contestar a su pregunta en la siguiente intervención, pues sería descortés, teniendo en cuenta que hay espectadores que desean escuchar lo que el oponente tiene que decir sobre esa pregunta, no contestar al rival y, por encima, no contestarle en ese momento.

Por otro lado, también es interesante el uso de “He leído su programa, con interés”, pues en un contexto diferente, el leer el programa de alguien con interés es totalmente positivo y favorece a la relación entre ambos, es decir, es cortés; pero en este contexto, sobre todo con esa pausa que el candidato socialista hace en “con interés”, sirve para recalcar la descortesía de una forma muy enmascarada e indirecta a la que solo podemos llegar a través de implicaturas, pues, reflexionando detenidamente, podemos llegar a la conclusión de que lo que Rubalcaba quiere decir en esa frase es que ha leído el programa del rival con interés porque lo que aparece en él le parece extravagante y porque va a poner varios apartados en evidencia.

Pero hay momentos en los que la descortesía hacia el contrario es mucho más evidente e incluso consigue esbozar una sonrisa a muchos de los espectadores, como por ejemplo, el siguiente fragmento del debate que analizaremos:

Como podemos observar, el turno de palabra le corresponde al candidato popular, Mariano Rajoy. Sin embargo, el candidato socialista, Alfredo Pérez Rubalcaba, le interrumpe de forma constante y continuada, consiguiendo que no pueda seguir con su argumentación y que el moderador se interponga y pida respeto. En ese momento, Rajoy le dice a su interlocutor: “Señor Rubalcaba, déjeme hablar, que usted ya habló. Si no le va tan mal el debate, no se ponga nervioso”.

Como podemos observar, en esta frase Rajoy utiliza una estrategia, bastante buena, con la que consigue desprestigiar aún más al interlocutor, que no está respetando su turno, y aumentar la cortesía positiva hacia sí mismo por varios motivos:

En primer lugar, con la frase “Señor Rubalcaba, déjeme hablar, que usted ya habló”, Rajoy manifiesta el deseo de que su contrincante se calle y para ello, se dirige hacia él cordialmente, utilizando las fórmulas ritualizadas propias de las intervenciones políticas, sin perder las formas, y además, con “usted ya habló”, da a entender que en el turno anterior su interlocutor pudo hablar de forma continuada, sin que le cortaran e interrumpieran su discurso.

Por último, con la frase “Si no le va tan mal el debate, no se ponga nervioso”.

Esta frase es muy interesante a la hora de hablar de la cortesía, ya que a primera vista, esta frase es totalmente cortés: el contrincante se dirige hacia su interlocutor para darle ánimos y apoyarle, algo que fomenta la imagen positiva de Rajoy frente a los espectadores y oyentes del debate, que piensan que Rajoy se solidariza con su rival; pero por otro lado, que desprestigia a su oponente, ya que con ese “Si no le va tan mal el debate, no se ponga nervioso”, se implica que a Rubalcaba le va mal verdaderamente mal el debate y que por eso está verdaderamente nervioso y no respeta el turno de Rajoy, cuando en la realidad puede ser o no ser así, ya que puede ser una interrupción aislada, pero los espectadores, que incluso pueden sonreír y sentirse más cercanos al escuchar la frase del candidato del PP, lo interpretan de la forma que Rajoy desea, ya que la estrategia con la que ha planteado la (des)cortesía no “rechina” a primera vista.

Por tanto, podemos observar de nuevo, cómo en la política no sólo es necesario ser cortés para ganarse el espectador, sino que también hay que ser descortés para ganar el debate y desprestigiar al interlocutor, produciéndose de esta forma un juego muy interesante y peculiar en cuanto al uso de fórmulas corteses o descorteses.

9. Conclusiones.

Con este trabajo hemos querido demostraros evolutivamente el camino que han llevado los estudios sobre la cortesía. Todos comenzaron analizando la cortesía, para después, y gracias a Culpeper, obtener modelos paralelos de descortesía. Este proceso evolutivo no se hubiese producido de no ser por la existencias de teorías como las de Hoffman, puesto que a partir del todos utilizaran los conceptos de imagen positiva y negativa, Lakoff con sus cinco máximas corteses que después fomentarán el desarrollo de las cinco máximas descorteses de Culpeper, o los principios de cortesía desarrollados por Brown y Levinson. El uso diario de la cortesía ha fomentado que en ocasiones sea utilizada de manera irónica o sarcástica, y que sea un elemento estratégico fundamental en nuestras relaciones sociales. El siglo XX ha sido una época de grandes cambios y por ello las estrategias para resolver nuestros conflictos han sufrido grandes transformaciones.  Diversos intelectuales se han preocupado constantemente por el desarrollo de ciertas vías del dialogo, como la cortesía, para evitar guerras mundiales. Esta mediación a pesar de ser encontrada en precedentes tempranos de técnicas extrajudiciales en España, han sido desarrollados y explotados intelectualmente con bastante posterioridad frente a los países anglófonos. Gooffman cree que los individuos  definen y construyen su imagen social en la interacciones que establecen con el resto de personas. Todo individuo aspira a tener una buena imagen social, y para ello pretenden salvaguardar sus comportamientos. Lakoff presenta la cortesía como un comportamiento cuyo fin es ofender a su emisor, aunque también puede ser entendida como fin para aspirar y a afianzar lazos de amistad. Los estudios de Brown y Levinson son considerados los más elaborados del siglo XX, y defienden que las estrategias de cortesía son atenuar los actos amenazadores de la imagen que pueden surgir en los intercambios comunicativos diarios. Leech por su parte explica que la cortesía puede entenderse como un recurso que justifica las estrategias indirectas de expresión, y fomenta sus estudios con seis máximas: tacto, generosidad, aprobación, modestia, acuerdo y simpatía. Culpeper es el primero en establecer un modelo suplementario a la teoría de Brown y Levinson, y finalmente Kienpointner establece una sistematización propia para analizar la grosería. Como podéis ver la evolución es notable. En algunas ocasiones los solapamientos son emitidos con intención interruptora pero no siempre es así. El lenguaje político, social y comercial se encuentra plagado de estos elementos pragmáticos y por ello reciben una atención especial.

Bibliografía.

Fuentes Rodriguez, Catalina y Alcaide Lara, Catalina, (Des)cortesía, agresividad y violencia verbal en la sociedad actual, cuadernos UNIA, 2008, Sevilla.

Reyes, Graciela, Elisa Baena y Eduardo Urios, Cuadernos de lengua española; Ejercicios de pragmática(II), Arcolibros S.L., 2000, Madrid.

Ridao Rodrigo, Susana, Estrategias de (des)cortesía en las mediaciones laborales, Universidad de Murcia, Edit.um, 2009.

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