Valores pragmáticos de los elementos deícticos y las interrogaciones.

Publicado: marzo 11, 2012 en Uncategorized

1. Introducción:

En este trabajo intentaremos abordar os elementos deícticos y las interrogaciones desde un punto de vista pragmático. Con ello queremos conseguir los objetivos propuestos de dicha práctica, tratando las cuestiones que se plantean, no solo de forma teórica, sino también práctica. Justificamos dicha teoría porque creemos que es necesario reflexionar sobre ello.

 

2. Enunciados deícticos.

Para la elaboración de este apartado hemos considerado oportuno utilizar un estudio realizado por José Luis Cifuentes Honrubia, quien utiliza en sus exposiciones afirmaciones muy similares a las de Hebe Gargiulo, por no decir que en ciertos momentos utiliza casi literalmente sus propias palabras, hecho curioso cuando no aparece citado en su extensa bibliografía. Para no dar “palos de ciego” especificamos con mayor exactitud cuál es el capítulo en el que encontramos dichas semejanzas: “Tipos de usos y expresiones deícticas.”, incorporado en la obra Espacio, deixis y traducción, San Juan, 1999, Argentina. Además también queremos indicar que otra de las fuentes utilizadas para esta exposición es la serie de televisión The Big Bang Theory, de la cual extraeremos unos fragmentos que nos servirán para ejemplificar los contenidos teóricos que aporta esta práctica.

Entrando en materia y atendiendo únicamente a su significado, tendríamos que decir que la deixis consiste en la indicación de cualquier fenómeno físico o mental al que queramos hacer referencia. El termino griego del que proviene es δεῖξις (deîksis), el cual a su vez procede del verbo δείκνυμι (deíknymi) que significa mostrar e indicar. Todo ello nos invita a pensar que es una figura retórica de enunciación que nos permite conocer el espacio temporal-personal en el que uno, dos o más individuos u objetos se relacionan. En ocasiones, dicha información no la recibimos por medio de otro individuo, esto es lo que ocurre cuando nos encontramos ante una señal de tráfico. No es ningún ser humano el que nos emite la información, sino un objeto inanimado capaz de comunicarnos un mensaje deíctico. Con el paso de los años todas las comunidades lingüísticas han ido elaborando sus propios códigos deícticos. Como indica José Luís Cifuentes Honrubia en su estudio La deixis, la principal función de esta figura de dicción es la de identificar y localizar objetos, personas, animales y eventos, y su significado es constante y perdurable sea cual sea el empleo que de él queramos hacer. Por el contrario, lo que no es constante es el referente con el que lo que utilizamos. Desde un punto de vista funcional el pronombre singular “yo” casi siempre cumplirá la función de sujeto en un enunciado lingüístico, a excepción de oraciones como: “Aún no conozco a mi yo interior”, si bien este último significado se refiere a la introspección que cada ser humano tiene de sí mismo. Su significado por lo tanto designa la realidad personal de quien habla o escribe, pero ¿quién es esa realidad? Es entonces cuando entra en juego la aplicación de un significante concreto al significado que ya conocemos.

Estando trabajando el otro día, uno de mis compañeros reservó uno de nuestros productos a un cliente. Cuando hacemos algo parecido, solemos poner el nombre del cliente que reservó dicho producto, su número de teléfono y el día en que será recogido para poder facilitárselo sin ninguna complejidad, y en el caso de que el cliente no acuda a por él en el día acordado lo devolvemos al establecimiento para que esté de nuevo a la venta. Tras explicar este sencillo procedimiento voy a la anécdota. Al llegar al almacén y ver que aún quedaba un producto por entregar, me propuse a llamar al cliente para informarle de que se pasase, si no era molestia, a por aquello que él había reservado. En la nota estaba escrito su nombre y su número de  teléfono y había un aviso escrito que indicaba que ya había sido llamado. Cuando fui a mirar la fecha, únicamente ponía “se pasará mañana”, lo cual me hizo dudar de si se refería a mañana del día en el que me encontraba, porque había sido escrito el día anterior, o del día siguiente porque lo había escrito por la mañana. Este es un ejemplo de un elemento deíctico temporal, junto a él en nuestra lengua encontramos muchos elementos lingüísticos similares, sin tener por exigencia que ser palabras, puesto que podemos acudir a los continuos códigos gestuales. Sí acudimos al diccionario de la Real Academia Española de la Lengua, en la cuarta acepción podemos leer; mañana: “adv. t. En el día que seguirá inmediatamente al de hoy”. El significado que yo atribuía al “mañana” de aquel aviso era el propio y no me equivocaba, el problema residía en establecer cuál era su verdadero significante.  Para aclarar este punto de una manera más directa y enseñaros el papel que pueden jugar los elementos deícticos en cualquier lengua nosotros queremos mostraros un ejemplo entretenido. Para facilitar a todos su comprensión creemos oportuno transcribir la conversación reflejándola aquí abajo.

Transcripción de la conversación:

– Sheldon:  Tengo algo que discutir con usted, caballero.

– Leonard:  ¡Ouhhhhh!

– Estefany: Hola Sheldon.

– Sheldon: Hola Estefany. Lamento llegar tarde, pero tu compañero me dejo una invitación indescifrable.

– Leonard: ¿Qué invitación?

-Sheldon: Nos vamos a ver una peli. ¿Qué peli? ¿Qué cine? ¿A qué hora? Si intentabas hacer imposible que te encontrara no podrías haberlo hecho mejor.

– Leonard:  ¡Ah! ¡Sí! Podría haberlo hecho mejor.

– Sheldon: Tarde casi veinte minutos en revisar tus consultas por internet para saber que cines habías mirado. Esperad aquí, nos buscare sitio.

Como podemos ver en este pequeño fragmento en ocasiones de lo más cotidianas se pueden producir malentendidos, ya sea en una situación como en la que se encuentran Sheldon, Leonard y Estefany o simplemente cuando alguien nos llama por teléfono y lo primero que nos dice es “soy yo”, pues…¿quién es ese yo?. Eso mismo le sucede a Sheldon, ya que al leer la nota “nos vamos al cine”, llega a pensar que su compañero de piso quiere ir al cine con él. El problema es que en la nota no aparece ni la hora de la sesión, ni el lugar ni el día, aunque a pesar de ser prácticamente imposible, Sheldon consigue llegar al cine en el que Leonard está con Estefany, produciéndose una situación incómoda, pues el “nos” de la nota se refería solamente a la pareja y no a Sheldon, que interpretó erróneamente el “oscuro” mensaje de la nota. Parece mentira que una cosa tan simple como omitir información o dar por supuesta una información que no se nos da y puede ser incorrecta, acarree tantos problemas y situaciones molestas, algo por lo que merece la pena reflexionar sobre la deixis teniendo en cuenta el campo de la pragmática.

En este momento, y una vez demostrado el importante papel de los elementos deícticos en nuestra vida diaria, consideramos oportuno realizar ahora una clasificación de todos ellos siguiendo las postulaciones de Rauh en 1987. Para él los tipos y usos de expresiones son siete:

1)      En ella el enunciador y el objeto enunciado se encuentran físicamente presentes durante el acto comunicativo. El enunciador es el centro de toda la exposición y de él se desprende la significación deíctica. Karl Büler atribuye a este primer uso el nombre de Demostratio ad oculus et aures.

2)      El enunciador está presente durante todo el acto comunicativo, a diferencia de los objetos a los que se hace referencia. Por este motivo se producen confusiones y da errores. Karl Büler la denomina “Deixis am phantasma

3)      En la deixis representacional no se hallan presentes ni los objetos, ni el centro de la orientación. En ella el contexto no es real y el emisor se traslada a un mundo imaginario. También es denominada “Deixis im Vorstellugraum

4)      El centro de orientación en este caso difiere del utilizado en casos anteriores, puesto que no corresponde con la situación real del hablante, sino que es momentánea dentro del desarrollo texto. Es conocida como “Deixis textual y suele ser muy utilizada para la localización de segmentos discursivos relacionados y relativos al punto de orientación.

5)      En este caso el centro de orientación no está representado por un espacio reconstruido cognitivamente, sino que depende de un objeto concreto que funciona como análogo de aquel al que nos queramos referir, de ahí su denominación “Deixis analógica”.

6)      Se caracteriza según indica Rauh por poseer la posibilidad de manifestar un uso inherente que anula la relación egocéntrica existente entre la expresión deíctica y la situación del emisor, siendo remplazada por una no egocéntrica.

7)      La última subdivisión es denominada “Deixis anafórica” Los referentes de los elementos deícticos son unidades discursivas, al igual que ocurría en la deixis textual. Sin embargo no determina realciones de forma localista egocéntrica, entre los segmentos del discurso y el punto deíctico de orientación.

A esta clasificación deberíamos sumarle la existencia de una “deixis social” basada en aquellos aspectos de la estructura lingüística que cosifican las identidades sociales de los participantes de dicho acto comunicativo; la “Deixis metalocucionaria” basada en la lecución verbal, y la prosodia; la “Deixis empatetica” centrada en las relaciones interpersonales del emisor y el individuo u objeto a indicar; el “articulo”, al actualizar el significado abstracto de aquello que queramos evocar, aplicando de este modo la terminología diseñada por Coseriu;  los “Verbos deícticos”… Leyendo el artículo Cifuentes Honrrubia apreciamos que la aparición de elementos deícticos en nuestra comunicación es más abundante de lo que creíamos y du función en el lenguaje cumple un papel determinante para que podamos llegar a entendernos.

Para terminar el apartado referido a la deixis, creemos que es bastante interesante mostrar un vídeo en el que podremos ejemplificar los tipos de deixis y demostrar que, a pesar de que si no reflexionamos sobre el tema y no conocemos los tipos de deixis existentes, podemos hacer uso de una gran cantidad de elementos deícticos en un discurso que, a veces, no son tan correctos ni tan precisos como pensamos, pues podemos olvidar que no solo es importante nuestro propio punto de vista, sino también el ajeno, y llegar a crear situaciones donde la tensión y la descortesía llegan a tal límite que sería de lo más normal que se cortara o interrumpiera la conversación.

 

Transcripción del diálogo:

Son las ocho de la mañana del domingo. Día de entrega del trabajo. Sergio espera impaciente a Roberto en la puerta de la facultad.

Sergio: -“Eh, tío, ya era hora de que llegases, y no me cuentes esas historias de siempre

Roberto: -“Perdóneme, su majestad, no creo que lleve aquí más de cinco minutos

Sergio: -“¿Y Víctor? Le dije que viniese el primero para dar ejemplo, siempre llega tarde.”

Roberto: -“Hablando del Rey de Roma, mira quien viene por ahí.”

Sergio: -“ ¿Por dónde?”

Roberto: -Pues por ahí, detrás de ese contenedor de reciclado, ¿Es que no le ves, melón? Es un chico muy higiénico.”

Sergio: -¡Ah, vale! Perdón por no tener tu mismo punto de vista.

Roberto: -Ya llega.

Víctor: -¡Eh, qué pasa! Estaba dormido en la cama y de repente voy y noto el zumbido del despertador en toda la oreja. Llevaba sonando diez minutos.”

Lo gracioso de esta historia es que a medida que nuestros amigos se acercaban a la puerta, esta  tenía colgado un cartel, el cual decía: “Aquí cerramos los domingos”.

 

3. Preguntas:

Si atendemos a la pragmática de la interrogación podemos encontrarnos con que las cosas no están tan claras como se nos han enseñado. En esta ocasión hemos utilizado un trabajo monográfico de Emma Martinell Gifre, el cual fue expuesto durante unas jornadas para enseñanza del español como lengua extranjera en la universidad de Alcalá de Henares en 1990. Su emisión se caracterizaba por la difusión del matiz tonal o prosódico que se aprecia en las preguntas. Lo que podemos apreciar, entonces, es la presencia de construcciones interrogativas las cuales en el momento de su emisión no tienen una finalidad informativa, es decir, que con ellas no pretendemos obtener información. En El manual de pronunciación española, 1985, de T. Navarro Tomás, se encuentra una distinción entre las preguntas absolutas y la relativas, definiendo las primeras como aquellas que buscan la confirmación o la negación, y a las segundas con las que se pretende obtener cierta información que se desconoce. Ambas se distinguen porque la inflexión final de la primera es ascendente y la segunda es circunfleja, convirtiéndose la pregunta relativa en una expresión de sorpresa o extrañeza.

Para acabar con la teoría vamos a establecer una clasificación de los tipos de preguntas, existentes en nuestra lengua, que podremos ver en la conversación grabada:

1)      Interrogaciones que preguntan: Son aquellas con las que se pretende obtener la información que desconocemos. Hay dos tipos: Las “afirmativas”, es decir, de “si” o “no”; y las “explicativas”, ya que requieren una explicación más o menos extensa a lo preguntado.

2)      Interrogaciones confirmativas: Su finalidad es la de confirmar y afirmar algo expuesto anteriormente.

3)      Interrogaciones de petición: Con ellas pretendemos cambiar la actitud de nuestro interlocutor para conseguir que acceda a nuestros deseos.

4)      Interrogaciones retoricas o asertivas: Con ellas no pretendemos que nuestro interlocutor nos responda, sino que lleve a cabo el fin que nosotros perseguimos. En mucha ocasiones son usadas con fines sarcásticos.

5)      Reproches: Con ellas no queremos obtener información, sino mostrar el desacuerdo o enojo con el interlocutor.

¿Todos los tipos anteriores preguntan? Este es uno de los problemas sobre el que mas se ha debatido a lo largo del tiempo, en cuanto a la pragmática interrogativa, ya que a la hora de abordar el estudio de las interrogaciones, hay que tener en cuenta muchos factores ajenos a la propia expresión de la pregunta. Por ejemplo uno de los factores de mayor relevancia puede ser la intencionalidad del emisor, ya que un “¿Qué tal?” Puede ser una pregunta con la que un interlocutor intente obtener información sobre el receptor, o simplemente, una estructura interrogativa fosilizada con la que se intente establecer un principio de conversación.

También hay que tener en cuenta otro de estos factores, la cortesía o descortesía verbal, pues a la hora de preguntar, hay que tener en cuenta a quién nos referimos, ya que tutear o no puede significar no solo una falta de respeto, sino un intento de distanciamiento con los interlocutores. Por otro lado, algunas preguntas pueden ser “Potencialmente agresivas” con las que intentamos, por ejemplo,  pedir algo que a nosotros no nos supone ningún coste pero si para el receptor, por lo que tenemos que recurrir a mecanismos con los que suavizar la petición con el fin de que la otra persona no solo no se sienta ofendida, sino que piense que tiene la ultima decisión, y que el riesgo de conceder o hacer algo no le suponga ningún problema.

Por ejemplo, en el siguiente fragmento de uno de los monólogos del humorista Goyo Jiménez, podemos ver cómo este inicia su actuación con una pregunta: “¿por qué hay tanto capullo al volante?” donde Goyo Jiménez no pretende obtener una respuesta, sino influir en la conducta de sus espectadores para que estos se “acerquen” a él y compartan su punto de vista, llamando su atención, invitando a la risa y fomentando la cortesía positiva, pues se enfatiza la semejanza de conocimiento y pensamiento entre el humorista y sus espectadores.

 

 

 

Después de este ejemplo, creemos interesante tratar un fragmento de uno de los capítulos de la famosa serie norteamericana “The Big Bang Theory. En el vídeo, podemos observar que en ocasiones, cuando se formula una pregunta con la que no deseamos obtener más información de la que ya poseemos, sino el propio punto de vista del interlocutor. En el fragmento, Penny, tras haberse dado cuenta la noche anterior de que Leonard estaba en su dormitorio manteniendo relaciones sexuales con una chica, cuando ve a este salir de casa por la mañana, le pregunta “¿cómo va todo?” con un acento con el que es posible deducir que tiene la intención de que Leonard le cuente algo referente a la noche que pasó con la otra chica desde su punto de vista, pues Penny ya sabía que había mantenido relaciones sexuales. Leonard, al no entender las intenciones de Penny, le contesta con un “bastante bien” con una entonación parecida a la pregunta de la joven, sin saber muy bien a qué vino la pregunta. Desde un punto de vista pragmático, este fragmento es muy interesante, ya que Penny realizó la pregunta para que Leonard le contara algo sobre las relaciones que había mantenido, no que le contestara con el estado de ánimo o con una valoración sobre su situación, pero este no la entiende, pues no sabe que ella se había enterado de que había practicado sexo. Por ello, se produce una situación confusa y cómica en la que Penny se ve “obligada” a dar más datos y hacer saber a Leonard que se enteró de lo que estaba haciendo. Debido a que sin escenas anteriores, esta no podría entenderse, decidimos añadirlas, además de que en ellas la conversación es muy interesante desde el punto de vista pragmático, aunque en este tema nos centremos en el valor pragmático de las preguntas.

Transcripción de la conversación entre Leonard y Penny cuando se encuentran en las escaleras:

Leonard: Puedes mirar la pizarra todo lo que quieras, seguirá estando bien.

Sheldon: No la miro, reflexiono.

Penny: Hola Leonard.

Leonard: Ah, hola.

Penny: ¿y? ¿cómo va todo?

Leonard: Bastante bien.

Penny: ¿solo bastante? yo diría que muy bien.

Leonard: bastante muy bien…no existe una escala objetiva que defina las variaciones del bien. ¿por qué lo dices?

Penny: Bueno…un pajarito me dijo que Lesly y tú os enrollasteis anoche.

Leonard: uh….¡Sheldon!

Para terminar el apartado sobre las preguntas, vistas desde un punto pragmático, creemos que es interesante mostrar una conversación muy simple, cotidiana, en la que podemos ver los diferentes modelos y tipos de preguntas que vimos un poco más arriba (ya que estamos, usamos un poco más la deixis). En la conversación, se reproduce un posible diálogo en el que hay preguntas que buscan información, otras con las que se realiza un reproche, una pregunta confirmativa y una invitación entre otras que esperamos que sirvan para ejemplificar dichos tipos de preguntas y para reflexionar sobre ellas desde la pragmática, pensando que no siempre “preguntamos” cuando usamos una interrogación, sino que detrás de las cuestiones hay un trasfondo muy interesante y “oscuro” que depende, entre otras muchas cosas, de la situación, pensamiento, humor…etc. de cada hablante.

Transcripción de la conversación:

-Sergio: Entonces, ¿ayer buscaste algo de información?

-Roberto: si, pero yo apenas tuve tiempo y acabé en la Wikipedia, viste.

-Sergio: ¿de verdad? ¿No había otra página peor en internet?

-Roberto: no todos tenemos tanto tiempo libre como vos, ¿sabés?

-Sergio: Vale vale, que ya nos traen las cervezas… ¿Víctor va a venir o no?

-Roberto: Supongo… ¿ya sabes como es, verdad? Es un pelotudo.

-Víctor: ¡Buenas! ¿qué hacéis?

-Sergio: ¿Que qué hacemos? Esperarte tío, ¿no lo ves?

-Roberto: Venga va, sentate que vamos a empezar a hablar del trabajo. ¿Querés tomar algo?

-Víctor: Si, ahora me pido algo y hablamos.

4. Conclusión:

como conclusión, hemos podido comprobar cómo los elementos deícticos están presentes en todas nuestras producciones ligüísticas, cumpliendo un papel determinante en nuestra lengua. Sin embargo no han sido considerados del mismo modo a lo largo de los años y, gracias a la pragmática hoy les conocemos desde un punto de vista mucho más amplio y valioso. En cuanto a las interrogaciones, hemos podido comprobar, que se utilizan de distinta manera según el contexto, la intencionalidad del interlocutor y la experiencia cognitiva que posee cada hablante, así como la cortesía y descortesía verbal que puede estar presente en algunas de ellas, generando o no una reacción positiva o negativa y el acercamiento o distanciamiento entre los hablantes.

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